Para comprender los devenires y la diáspora de la comunidad garífuna en Centroamérica y el Caribe, primero debemos hacer un repaso por la importante historia de esta nación afroindígena.
Se tiene conocimiento que las raíces étnicas de los garífunas se remontan, en un primer momento, al mestizaje entre mujeres de la etnia Arawak y hombres de la etnia Caribe, ambos provenientes del norte de Sudamérica. Quienes se encuentran en la isla de San Vicente y las Granadinas (conocida popularmente como Yurumein), a partir de procesos migratorios indígenas que se desarrollan durante la época precolonial en las Antillas Menores.
Con el inicio de las campañas colonialistas en el Caribe, se fueron generando disputas entre franceses e ingleses por el dominio de las islas. Lo que generó campañas genocidas y de desplazamiento forzado sin precedentes; debido a que la población Caribe fue altamente masacrada en las islas de Martinica y Guadalupe, quedando San Vicente como uno de los pocos reductos de resistencia Caribe a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, los ingleses siguieron buscando dominar las islas y para resistir, fue fundamental el vínculo que establecieron los Caribes con la población africana cimarrona naufragada en las costas, quienes lograron rebelarse y sobrevivir a la trata esclavista trasatlántica, que se inicia a partir del genocidio indígena.
La mayoría de los africanos sobrevivientes al naufragio en las costas de Yurumein, debieron proceder de Nigeria, Costa de Oro (actual Ghana), Congo y Dahomey (actual Benín). Quienes al tener un enemigo común con los Caribes, unificaron fuerzas para reafirmar su resistencia anticolonialista en la isla. Produciéndose con los años un nuevo mestizaje entre Caribes y africanos, quienes se identificaron a través del tiempo como Garífunas. Considerados como uno de los más grandes ejemplos de resistencia anticolonial en las islas del Caribe, hasta la caída de su líder Joseph Satuyé en el año 1795, hito que marcó la derrota de los garífunas contra los ingleses y que termina con su exilio forzado de San Vicente; en un primer momento hacia la isla de Belliceaux, hasta su deportación definitiva hacia Punta Gorda en la isla de Roatán en Honduras, donde arribaron un 12 de abril de 1797.
A partir de este desplazamiento forzado, los garífunas nuevamente tuvieron que buscar estrategias para asegurar su supervivencia, por lo que debieron establecer rápidamente acuerdos con la corona española en Honduras. De manera que el trabajo agrícola, realizado por las mujeres a través de la plantación de yuca, fue una de las principales acciones para generar confianza y que los hombres pudiesen ocupar puestos en la milicia, como ocurrió con otros grupos afrodescendientes a lo largo de la región durante el periodo colonial.
Sin embargo, al poco tiempo de establecerse en Honduras (Departamentos de Cortés, Atlántida, Islas de la Bahía, Colón y Gracias a Dios), los garífunas comienzan el inicio de su diáspora por gran parte de la costa caribe centroamericana. Abarcando desde el siglo XIX los países de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua; territorio autodenominado como la Nación Garífuna. Además de considerar que los garífunas se desempeñaron junto a otros antillanos británicos y creoles, como parte de las comunidades que trabajaron más activamente en las plantaciones bananeras de la United Fruit Company (UFCO) durante el inicio del siglo XX, contribuyendo de esta manera al desarrollo de la modernidad en Centroamérica.