Luisa Fernanda Lemus Díaz es una artista ceramista nacida el 10 de enero de 1992 en Ciudad de Guatemala. Su relación con las artes se remonta a la infancia con especial inclinación hacia la pintura y el dibujo en diversas materialidades. Es de profesión psicóloga en el área social- comunitaria, con estudios de Maestría en sexualidad, género y políticas públicas, trabajando en organizaciones de Derechos Humanos y defensa de los territorios en Centroamérica.
En 2022 se mudó al Departamento de Alta Verapaz al norte de Guatemala, donde vuelve a conectarse con sus intereses y exploraciones artísticas en específico en relación a la escultura y la cerámica, que la llevó a crear su proyecto personal Latido de Toj en el que se ha dedicado a investigar sobre el barro, la formulación de pastas hechas con tierras, la limpieza de las arcillas, la mezcla de las materialidades y minerales; además de conectar con su espiritualidad a partir de las prácticas territoriales, dado que en Alta Verapaz hay una gran cantidad de altares Mayas y hallazgos de cerámicas precolombinas.
Esto fue su impulso para trabajar el barro con sus manos, realizando experimentos plásticos que permitieron darle un estilo a su obra en relación con la raíz precolombina e indígena de Mesoamérica como del sur de Abya Yala. De modo que la técnica que utiliza Luisa es manual como el pellizco, las placas, los lulos, el paleteo, utilizando pigmentos naturales y en muy pocas ocasiones usa el torno a modo complementario. Además, cabe destacar que la artista ha ido perfeccionando su oficio de manera autodidacta a partir del ensayo y el error, analizando los procesos de la tierra en las manos, observando el secado de la materia y también a través de libros o tutoriales dedicados a estos temas.
Junto a esto, cabe destacar que Luisa ha recibido el acompañamiento y asesoría de artistas visuales internacionales, quienes le han orientado y ampliado su conocimiento en temas de cerámica, música y arte, entre ellos están Paula Citera de UnchiMaka, Argentina, Erick Boror de Guatemala y Esteban Valdivia de La Escuela Yakusimi en Ecuador.
Actualmente su oficio se ha ido complejizando y dividendo en diversas etapas: primero está la formulación del barro que trabaja o compra con artesanas locales; luego viene el modelado de la pieza desde abajo hacia arriba con una intención ritual, realizando en ocasiones bocetos; luego viene el proceso de bruñido con piedras naturales para cerrar el poro e impermeabilizar la pieza cuando se está en estado de cuero; se dejan secar las piezas por una semana a temperatura ambiente; continúa con la cocción de las piezas a alta temperatura (800 a 1200 grados) en un horno a leña construido por ella en base a ladrillos; después viene con el curado de las piezas con cera de abeja derretida; para finalizar con el cepillado para darle un brillo que levanta el bruñido de la pieza.
Sus corpus de obra es principalmente ritual-utilitaria, trabajando una diversidad de objetos que van desde platos, vasijas, incensarios simples o de chimenea, tazas, sahumadores. Hasta piezas sonoras con sistemas mono acústicos como silbatos, ocarinas, figurillas, sonajas o idiófonos, xilófonos, flautas, trompetas y tambores. Además, las piezas de Luisa Lemus tienen un definido estilo antropomorfo con una intensión conectada con la energía femenina a través de siluetas, glifos, elementos de la naturaleza, impresión de plantas o nahuales que evocan a las ancestras, a las abuelas, como sostenedoras, protectoras y cuidadoras del linaje de la cerámica.
Entre sus exposiciones más relevantes se encuentran: “A la forma” (2024) y “Volumen, Textura y Vacíos” (2024), ambas en la Escuela Municipal de Escultura de Ciudad de Guatemala.